Pájaros pendientes
La lluvia cayó primero. Luego fueron cayendo las ganas, las manos expuestas, las versiones de las cosas desdobladas. Cayó la metafísica de decir astilla, decir que me caigo porque no resuelvo ni el equilibrio ni las goteras de mi casa. Dudo tanto de la vejez y del pavimento como del mal tiempo de luto, es inútil matar bichos que resucitan. Luego fueron cayendo los vecinos, sus hijos. Al fin y al cabo estoy desviada, sola, nada justa. Espero en mi almohada el epicentro, y lo muerdo por todo lo queda pendiente de caerse como la lluvia.

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